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Helder Camara fu diffamato dalla dittatura militare e fu così bloccata la concessione del premio Nobel

Teología de la Liberación
21.12.2015

Don Helder: difamado por la dictadura brasilera e impedido de recibir el Nobel de la Paz

Adital
Don Helder Cámara, uno de los fundadores de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) y signatario del Pacto de las Catacumbas, documento que contribuyó en la formación de la Teología de la Liberación en América Latina, fue difamado por el gobierno dictatorial brasilero [1964-85], a través del ministerio de relaciones exteriores, con el objetivo de impedirle recibir el premio Nobel de la Paz. El acto habría sido una represalia por su actuación en pro de los derechos humanos de los perseguidos políticos de Brasil.

Cámara, entonces arzobispo de Olinda y Recife [Estado de Pernambuco], aunque fue nominado cuatro veces para el Nobel de la Paz, entre los años de 1970 y 1973, no pudo alcanzar el reconocimiento, gracias a la actividad difamatoria del gobierno brasilero. Esto produjo y difundió entre los miembros del comité gestor del Premio informaciones que desvirtuaban hechos de su vida personal y religiosa.
La maniobra fue revelada a partir de documentos obtenidos por la Comisión Estadual de la Memoria y Verdad Don Helder Cámara de Pernambuco (CNV-PE), difundidos por Itamaraty. La Comisión divulgó el contenido inédito de esa documentación el último viernes 18 de diciembre, en acto solemne en el Palacio del Campo de las Princesas, sede del gobierno ejecutivo pernambucano.
Don Helder falleció por causas naturales, en 1999, a los 90 años.
“En Brasil, se mata y tortura en nombre de la seguridad nacional”
“Eso [la persecución y difamación a don Helder] nosotros ya lo sabíamos. Pero a partir de la liberación de esos documentos, pudimos reunir pruebas de la actuación de la dictadura brasilera para silenciar a Don Helder”, explica en entrevista con Aditalla historiadora Lucy Pina Neta, miembro del Instituto Don Helder Cámara (IDHeC), con sede en Recife.

Lucy explica que la persecución a Don Helder se habría intensificado a partir de una invitación para que él vaya a Francia a dar una conferencia. Era el 26 de mayo de 1970, y se celebraba el aniversario de la Revolución Francesa.
En la ocasión, bajo los ideales de “libertad, igualdad y fraternidad”, propuestos por la revolución, Helder Cámara habló abiertamente sobre la tortura y las persecuciones políticas aplicadas por el régimen dictatorial brasilero. Ejemplificando los casos del religioso Frei Tito, cobardemente torturado, y de un estudiante pernambucano, que “se habría suicidado”, en la Casa del Estudiante, en Recife. “En Brasil, se mata y tortura en nombre de la seguridad nacional”, vociferó.
“Aquel fue un acto revolucionario de un pacifista. Fue la primera vez que se hablaba sobre los casos de tortura [del gobierno militar] fuera de Brasil. Por esto, Cámara tituló [la conferencia] ‘Cualesquiera que sean las consecuencias’, pues no se sabia lo que iba a ocurrir. Un sacerdote muy cercano suyo ya había sido asesinado [el Padre Henrique, torturado y asesinado, en 1969], y existía el riesgo de no ser aceptado de vuelta en Brasil”, explica la activista.

El gobierno brasilero impuso un silencio forzoso a los medios de comunicación nacional, a los que se les impidió citar el nombre del obispo. La medida drástica funcionó en Brasil, pero en el mundo la figura de Don Helder Cámara era cada vez más citada como defensor de los derechos humanos.
Una política para silenciar a los defensores de derechos
El sociólogo y profesor universitario Manoel Moraes, relator de la CNV-PE y miembro del Instituto Don Helder Cámara (IDHeC), en entrevista con Adital defiende que la mayor conquista celebrada por la Comisión, en este momento, es la prueba de que el gobierno militar actuó en la oscuridad diplomática, para silenciar a defensores de derechos humanos, en Brasil. Ellos/as eran acusados/as de promover una “campaña de desprestigio” contra Brasil, en el exterior.
“No estamos discutiendo si Don Helder tenía o no el derecho al Premio [Nobel de la Paz], pues esta [Comisión que elige a los ganadores] se trata de una instancia privada, no es ésta la cuestión. Lo que estamos discutiendo aquí es el accionar difamatorio del Estado brasilero contra un ciudadano nacional, que tuvo su vida orientada a la protección y denuncia contra las violaciones de los derechos humanos”, defiende Moraes.

El accionar del estado brasilero habría violado principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como el que se refiere a la libertad de expresión.
“Don Helder denunció las agresiones de la dictadura, lo que los militares querían era impedir que su voz tuviera más espacio, silenciarlo (…). El embajador brasilero en Oslo [capital de Noruega, país que otorga el Premio Nobel] mantenía al gobierno brasilero informado. Por ejemplo, hay un documento que dice que ‘él no fue nominado este año, pero para el próximo [1971] tendrá grandes posibilidades; [para impedirlo] necesitamos recursos, periodistas…’”, afirma Moraes.
En la tercera parte del Informe, en las “Cartas conciliares”, el lector puede comprobar cómo reaccionó el religioso brasilero ante el proceso de contrainformación que su nombre despertó. “Helder no se victimaba, creía que su lucha era mayor [que recibir el Nobel]. Afirmaba que su no nominación era mucho más por sus aciertos que por sus errores”, afirma el relator de la CNV-PE.
Helder Cámara fue agraciado, entre otros, con el Premio Popular Noruego de la Paz, especie de “Nobel alternativo”, y con el Premio Martin Luther King, en Estados Unidos.

Paulo Emanuel Lopes


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